José Luis Velasco / Enviado Grupo Reforma
Goettingen (19 junio 2006).- Mientras veía en su casa de Tijuana el México-Irán, Alfonso Montaño, trabajador de la construcción, casado y con hijos, tuvo un deseo: sentir en carne propia el ambiente que hacen los aficionados mexicanos en Alemania 2006.
Vio que tenía algo ahorrado y tomó el primer camión que salió de Tijuana para viajar 48 horas por carretera hasta la Ciudad de México.
Llegó al mostrador de Lufthansa en el aeropuerto y, tras recibir un gesto de cierto desprecio e incredulidad por parte de la vendedora, Alfonso puso sus 20 mil pesos sobre el mostrador y se compró su boleto.
“La empleada primero no me creía y me puso mala cara por mi aspecto humilde, pero en cuanto vio que sí traía para pagar, pues hasta sonrió y me deseó buen viaje”, relata Montaño, quien a sus 61 años vive su primer Mundial.
Llegando a Frankfurt, Montaño tuvo un trago amargo cuando la policía del aeropuerto lo detuvo y, tras hacerle poner su dedo pulgar en una especie de detector, lo acusaron de salir positivo de cocaína.
“Yo la verdad me reí, porque en mi vida he probado esa cosa, les dije en español, porque no sé ni gota de inglés o de alemán, que no tengo dinero para esos vicios, y, primero no me entendían nada y luego no me creían”.
Una vez que Alfonso libró su primer obstáculo, la angustia le llenó el cuerpo al saberse solo y sin ayuda en un país con idioma y costumbres distintas a las suyas.
“Yo quería haberme ido con todos los mexicanos que venían en el avión para saber a dónde iban ellos, pero como me detuvieron, tuve que andar preguntando y al final alguien me dijo que México jugaba contra Angola en Hannover y me explicó que lo mejor para viajar era en tren”, recuerda.
Cuando por fin llegó a la ciudad donde jugaría México, los ojos se le llenaron de lágrimas al ver los ríos de gente que acudieron a Hannover.
“Híjole, cuando llegué a Hannover y vi el titipuchal de paisanos que había, me dieron ganas de llorar y solté un grito tan fuerte que se me quedaron viendo unas personas”.
Alfonso, quien entre sus amistades es conocido como “El Pollo”, tuvo la idea de adaptarse un sombrero y colocárselo en forma peculiar, por lo que un periódico alemán lo inmortalizó en sus páginas con una enorme foto.
“Ya me hice famoso y eso que ni boleto tengo para entrar a los partidos”, dice Montaño con una gran sonrisa y mientras espera entrar a la práctica del Tricolor en Goettingen, su última parada.
martes, junio 20, 2006
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